
Lo que los historiadores no pueden saber
Por qué el pasado es más incierto de lo que parece y qué significa eso para todo lo que creemos saber
Índice de capítulos
Resumen
Existe una imagen del trabajo del historiador que es parcialmente correcta y parcialmente engañosa: el investigador paciente en el archivo, reconstruyendo el pasado con la precisión del detective que ensambla las piezas de un rompecabezas. Es engañosa porque sugiere que el rompecabezas tiene todas sus piezas. La realidad es que el archivo es siempre incompleto, y su incompletitud no es aleatoria: lo que llegó fue producido por personas con intereses particulares, conservado por instituciones con agendas propias, y filtrado en cada etapa por criterios que no eran neutrales.
Incluso el registro que sí existe está sesgado de maneras sistemáticas. El sesgo de clase social hace que el registro de las sociedades premodernas esté dominado por las perspectivas de las élites. El sesgo de género excluye la experiencia de las mujeres de la mayor parte del registro directo. Y el presentismo — la tendencia a interpretar el pasado con los valores y categorías del presente — produce interpretaciones que dicen tanto sobre el momento en que fueron escritas como sobre los eventos que pretenden explicar.
Este mini-libro examina qué tipo de conocimiento puede producir la historia con distintos niveles de certeza, por qué los cambios en la historiografía a lo largo del tiempo son la mejor evidencia de que lo que se sabe del pasado es siempre una interpretación producida desde un presente específico, y qué significa todo eso para cómo usar la historia como herramienta de argumento en el presente.