La primera vez que algo sale muy mal — Lebo
La primera vez que algo sale muy mal
Capítulo 1 de 4 · 14 min restantes
Capítulo 1 de 4

El golpe que nadie te dijo que iba a llegar así

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Todo el mundo te dijo que el emprendimiento iba a ser difícil. Que iba a haber obstáculos. Que el camino no iba a ser lineal. Esas advertencias, que suenan razonables y que se aceptan de manera abstracta antes de empezar, tienen una característica que solo se descubre cuando el primer golpe serio llega: no te preparan para lo que se siente desde adentro.

El cliente más importante que tenías anuncia que se va. El inversor que parecía listo para firmar desaparece sin explicación después de meses de conversaciones. El producto que lanzaste con toda la preparación posible no genera la respuesta que esperabas. El cofundador que era la pieza central del equipo decide salir. Esas cosas, que el emprendimiento produce con una regularidad que nadie menciona suficientemente, tienen un impacto que la narrativa del emprendedor resiliente tiende a suavizar de maneras que no son del todo honestas.

Porque el primer golpe serio no solo produce el problema práctico que hay que resolver. Produce algo más difícil de gestionar: la duda sobre si lo que estás construyendo puede funcionar, si eres la persona correcta para construirlo, si los meses invertidos hasta ahora fueron meses bien invertidos. Esa duda, que llega exactamente cuando más se necesita la claridad para tomar decisiones buenas, es el aspecto del primer golpe serio que menos se discute y que más daño hace si no se gestiona de manera consciente.

💡 El primer golpe serio en una startup produce dos problemas simultáneos. El primero es el problema práctico: el cliente que se fue, el inversor que no firmó, el producto que no despegó. El segundo es el problema psicológico: la narrativa interna que ese evento activa sobre las capacidades propias y sobre las posibilidades del negocio. El problema práctico frecuentemente tiene solución. El problema psicológico, si no se gestiona, puede impedir encontrar esa solución.

Jeff Bezos, en una entrevista temprana sobre los primeros años de Amazon, hizo una observación que captura algo importante sobre la naturaleza de los golpes en el emprendimiento temprano: una startup que no atraviesa momentos donde el fracaso parece inminente probablemente no está tomando los riesgos suficientes para construir algo que importe. Los momentos donde las cosas salen muy mal no son la excepción del emprendimiento. Son parte estructural de él. Y esa comprensión, que es más fácil de aceptar intelectualmente que de vivir emocionalmente, cambia la relación que se tiene con esos momentos cuando llegan.

También hay que considerar que la manera en que se gestiona el primer golpe serio establece un patrón para todos los que vienen después. Las startups que sobreviven muchos años no son las que no tienen golpes. Son las que desarrollaron maneras de atravesarlos que no destruyen el impulso y que producen aprendizaje en lugar de solo sufrimiento.

«El primer golpe serio no es la señal de que el negocio no puede funcionar. Es la señal de que el negocio es real. Las cosas que no pueden fallar no valen la pena construir.»
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Lo que el golpe revela que el éxito oculta

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Hay algo que los momentos de dificultad en las startups producen que los momentos de éxito no producen con la misma claridad: información honesta sobre el estado real del negocio, del equipo y del propio fundador.

El éxito, especialmente el éxito temprano, tiene la particularidad de enmascarar problemas que están presentes pero que la tracción cubre. Un negocio que está creciendo puede tener problemas de producto, de equipo o de modelo que no se hacen visibles porque el crecimiento compensa sus efectos. El momento en que algo sale muy mal remueve esa cobertura y hace visible lo que estaba debajo.

El cliente que se fue, si se le pregunta honestamente por qué se fue, revela información sobre el producto o el servicio que ningún feedback positivo puede revelar con la misma claridad. El inversor que dijo que no, si se le pregunta específicamente qué le generó dudas, revela cómo el negocio se percibe desde afuera de una manera que los que están adentro no pueden ver. El producto que no despegó revela, en los datos de uso de quienes sí lo probaron, qué parte del problema está sin resolver.

💡 El momento en que algo sale muy mal es uno de los pocos momentos en que las personas alrededor del negocio, clientes, inversores, equipo, tienen suficiente razón para ser completamente honestos. El éxito produce diplomacia. La dificultad produce honestidad. Y esa honestidad, aunque duela, contiene información que el negocio necesita para mejorar de maneras que la diplomacia no provee.

El golpe también revela algo sobre el propio fundador que el éxito no revela. Cómo se procesa la información negativa, cómo se toman decisiones bajo presión emocional, cómo se mantiene la relación con el equipo cuando las cosas están difíciles, cómo se comunica con los stakeholders cuando las noticias no son buenas. Esas capacidades, que son críticas para el liderazgo de largo plazo, solo se evidencian bajo presión. Y la primera vez que aparecen bajo presión real es también la primera oportunidad de evaluarlas honestamente y de identificar qué necesita desarrollarse.

También hay algo que el primer golpe revela sobre el equipo: quiénes se comprometieron con el negocio y quiénes se comprometieron con la versión del negocio que parecía funcionar. Esa distinción, que es difícil de ver en los momentos buenos, se hace transparente cuando algo sale muy mal. La persona que sigue igual de comprometida después del golpe que antes de él es la persona que el negocio puede contar cuando los momentos difíciles vuelvan, que van a volver.

«El primer golpe serio te muestra quién está contigo de verdad: en el equipo, en los clientes que siguen aunque el producto no sea perfecto, en los inversores que preguntan cómo ayudar en lugar de solo preocuparse por su dinero. Esa información, aunque llega de manera dolorosa, es de las más valiosas disponibles.»
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Cómo no dejar que el golpe destruya el impulso

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El impulso en una startup temprana es uno de los recursos más valiosos y más frágiles disponibles. Se construye lentamente, a través de la acumulación de pequeñas victorias, de aprendizajes, de tracción incremental. Y puede destruirse rápidamente si el primer golpe serio se gestiona de maneras que producen parálisis en lugar de acción.

Lo primero que hay que hacer cuando algo sale muy mal, y que la mayoría de los fundadores hace mal, es distinguir entre la respuesta al problema práctico y el procesamiento emocional del evento. Ambas cosas son necesarias pero en momentos diferentes. El problema práctico, dependiendo de su naturaleza, puede requerir atención inmediata. El procesamiento emocional, la rabia, la decepción, la duda sobre si todo esto vale la pena, también requiere atención, pero no en el mismo momento en que hay que tomar decisiones.

Mezclar el procesamiento emocional con la toma de decisiones produce los peores resultados posibles en los dos frentes: las decisiones se toman desde el estado emocional menos adecuado disponible, y el procesamiento emocional se interrumpe antes de completarse porque hay decisiones que tomar. Separar los dos, aunque sea de manera tan simple como decidir que hoy no se toman decisiones importantes sino que se recopila información, puede producir una diferencia significativa en la calidad de lo que viene.

💡 La regla de las 24 horas, no tomar decisiones importantes en las primeras veinticuatro horas después de un golpe serio, tiene una base psicológica real. El estado emocional de las primeras horas después de algo que sale muy mal distorsiona la evaluación de las opciones de manera sistemática hacia el pesimismo. Las mismas opciones evaluadas 48 horas después frecuentemente se ven más manejables que en el pico del impacto.

Lo segundo es comunicar con honestidad y rapidez a las personas que necesitan saber. El equipo que aprende sobre un problema significativo por rumores o demasiado tarde pierde confianza en el liderazgo de una manera que es difícil de recuperar. La comunicación honesta sobre qué pasó, qué se sabe hasta ahora sobre las causas, y qué pasos se van a dar, aunque no tenga todas las respuestas, produce un tipo de confianza en el liderazgo que el silencio o las medias verdades no pueden mantener.

Lo tercero es buscar apoyo activamente. Los momentos en que algo sale muy mal son exactamente los momentos en que los fundadores tienden a aislarse, a no querer hablar de lo que pasó porque requiere admitir que algo no funcionó. Pero esos son también los momentos en que el apoyo de personas que han atravesado situaciones similares, que pueden ofrecer perspectiva desde fuera del estado emocional del momento, tiene más valor. Mentores, otros fundadores, inversores que han visto muchos ciclos: todas esas personas tienen perspectiva que el fundador adentro del golpe no puede tener.

Lo cuarto es actuar. No necesariamente en la dirección correcta de inmediato, porque la dirección correcta puede no estar clara todavía. Sino actuar de alguna manera que demuestre que el negocio sigue en movimiento. La parálisis, que es la respuesta más común a los golpes serios porque la incertidumbre sobre qué hacer bien puede producir la decisión de no hacer nada, es la que más daño hace al impulso a largo plazo.

«El impulso no se pierde en el golpe. Se pierde en las semanas de parálisis que siguen al golpe cuando nadie sabe bien qué hacer y todos esperan que alguien más tome la iniciativa. La acción imperfecta después de un golpe serio vale más que la espera de la acción perfecta.»
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Qué aprenden las startups de sus peores momentos

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Las startups que sobreviven sus peores momentos tienden a salir de ellos con algo que las que los evitaron no tienen: la certeza experiencial, no solo intelectual, de que pueden atravesar dificultades serias y seguir funcionando. Esa certeza cambia fundamentalmente cómo se toman las decisiones de riesgo en el futuro, porque el cálculo ya no se hace con el miedo teórico de lo que podría pasar si algo sale mal sino con el conocimiento de lo que pasó y de cómo se atravesó.

También producen, si se procesan de manera honesta, los aprendizajes más específicos disponibles sobre qué hace frágil al negocio. La dependencia de un solo cliente grande, que el primer golpe reveló como riesgo cuando ese cliente se fue. La falta de diversidad en el pipeline de inversión, que reveló cuando el inversor clave desapareció. El modelo de precios que no producía suficiente valor para el cliente, que reveló cuando la retención mostró que la gente usaba el producto una vez y no volvía. Esos aprendizajes, específicos y basados en experiencia real, son los que producen negocios más sólidos que los que nunca atravesaron ese tipo de prueba.

💡 El negocio que nunca tuvo que atravesar un momento donde el fracaso parecía cercano no sabe qué partes de su modelo son sólidas y cuáles son frágiles. El que lo atravesó y lo sobrevivió sabe exactamente dónde están los puntos de fragilidad, porque son los que fallaron o casi fallaron. Ese conocimiento es uno de los activos más valiosos de una startup experimentada.

También hay algo que los peores momentos enseñan sobre el propio estilo de liderazgo. Los fundadores que procesan honestamente cómo actuaron bajo presión extrema, qué decisiones tomaron bien y qué decisiones tomaron mal, qué aspectos de su liderazgo sostuvieron al equipo y qué aspectos lo desestabilizaron, tienen información sobre sí mismos que ninguna formación de liderazgo puede proveer con la misma fidelidad. Esa información, si se usa para hacer ajustes deliberados, produce líderes considerablemente más efectivos que los que nunca tuvieron que actuar bajo ese tipo de presión.

Los emprendedores más experimentados frecuentemente describen sus primeros golpes serios como puntos de inflexión, no solo en el negocio sino en su propia comprensión de lo que significa construir algo. Antes del primer golpe serio, el emprendimiento es una combinación de entusiasmo y de hipótesis. Después, es algo más sólido: la comprensión real de lo que se necesita para seguir cuando las cosas no funcionan como se esperaba. Y esa comprensión, aunque llegue de una manera que nadie elegiría, es exactamente lo que distingue a los fundadores que eventualmente construyen algo de los que se quedaron en el camino.

«La primera vez que algo sale muy mal no es el momento más difícil del emprendimiento. Es el momento en que el emprendimiento se vuelve real. Antes de ese momento, estás construyendo. Después de ese momento, sabes que puedes construir aunque las cosas no salgan como se esperaba. Esa diferencia vale todo lo que costó aprenderla.»