Cuando tu red dice que no — Lebo
Cuando tu red dice que no
Capítulo 1 de 4 · 14 min restantes
Capítulo 1 de 4

El no que más duele

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Hay una forma de rechazo en el emprendimiento que nadie te prepara bien para manejar: no el rechazo del mercado, que es impersonal y que puede atribuirse a un problema de mensaje o de timing, sino el rechazo de las personas más cercanas. La familia que pregunta cuándo vas a conseguir un trabajo de verdad. Los amigos que no mencionan el proyecto en las conversaciones porque asumen que no va a funcionar. Los colegas que te miran con una mezcla de admiración y de lástima. El mentor que admiras y que te dice, con toda la buena intención disponible, que este no es el momento o que este no es el mercado o que tú no eres la persona correcta para esto.

Ese tipo de rechazo duele de una manera diferente al rechazo del mercado porque viene de personas cuya opinión importa, que te conocen de maneras que el mercado no te conoce, y que pueden tener información sobre tus capacidades o sobre el proyecto que un inversor externo no tiene. Su falta de entusiasmo puede sentirse como confirmación de algo que en los peores momentos de duda ya pensaste sobre ti mismo.

Lo que hace que esta situación sea especialmente complicada es que a veces tienen razón. No siempre, pero a veces. Y distinguir entre el rechazo de tu red que refleja su falta de visión sobre lo que estás construyendo y el que refleja información real sobre un problema que deberías examinar más honestamente requiere un nivel de discernimiento que no siempre es fácil de tener cuando la emoción del proyecto está alta.

💡 La validación de las personas cercanas no es evidencia de que el negocio va a funcionar, de la misma manera que su escepticismo no es evidencia de que no va a funcionar. Lo que sí es evidencia es lo que el mercado dice con su comportamiento. La opinión de la red es ruido útil que merece procesarse, pero no es la señal que determina si el negocio tiene futuro.

La historia del emprendimiento está llena de ejemplos de negocios que las personas cercanas a los fundadores no creían que iban a funcionar. Los padres de Reed Hastings y Marc Randolph no vieron en Netflix lo que eventualmente se convirtió. Los colegas de Jan Koum en WhatsApp le ofrecieron trabajos en otras empresas porque creían que el proyecto no tenía futuro comercial. La falta de entusiasmo de la red cercana sobre lo que se está construyendo no es información confiable sobre el potencial de lo que se está construyendo.

Pero hay también casos donde la red cercana tenía razón. Donde las preguntas que hacían sobre el modelo, sobre el mercado, sobre las capacidades del equipo, reflejaban problemas reales que el fundador estaba evitando examinar. La diferencia entre esas situaciones requiere honestidad sobre si el escepticismo de la red señala un punto ciego real o simplemente una falta de visión sobre lo que el negocio puede llegar a ser.

«Tu red no puede decirte si tu negocio va a funcionar. Puede decirte qué preguntas sobre él le preocupan. Y esas preguntas, si se examinan con honestidad en lugar de descartarse como falta de visión, pueden ser exactamente la información que el negocio necesita para mejorar.»
Capítulo 2 de 4

Por qué las personas cercanas frecuentemente no creen

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Entender por qué la red cercana tiende al escepticismo en las etapas tempranas del emprendimiento no solo produce menos dolor cuando ocurre. Produce la capacidad de distinguir entre el escepticismo que tiene información útil y el que es simplemente el resultado de los sesgos propios de quienes lo expresan.

La primera razón es el sesgo del status quo. Las personas que tienen trabajos estables, que construyeron sus vidas alrededor de la seguridad del empleo, tienden a percibir el riesgo del emprendimiento como mayor de lo que es y los beneficios potenciales como menores de lo que son. No por falta de inteligencia sino porque el marco desde el que evalúan las opciones está naturalmente calibrado hacia la seguridad que ellos eligieron.

La segunda razón es la información incompleta. Tu red ve lo que les muestras del proyecto, que frecuentemente es la versión más optimista disponible porque quieres generar entusiasmo. Lo que no ven es el trabajo que hay detrás, los aprendizajes que se acumularon, la tracción real aunque sea pequeña. Su escepticismo puede ser parcialmente el resultado de no tener la información completa sobre el estado real del proyecto.

💡 La tendencia de los emprendedores a presentar su proyecto en su mejor versión a las personas cercanas produce el efecto paradójico de hacer más difícil conseguir su apoyo genuino. La persona que ve solo la visión optimista y que tiene dudas sobre ella no puede articular esas dudas de manera útil porque no tiene información sobre los aspectos del proyecto que podrían responderlas. La vulnerabilidad de compartir también lo difícil frecuentemente produce más apoyo genuino que la presentación solo de lo prometedor.

La tercera razón es el sesgo de protección. Las personas que te quieren tienen un incentivo emocional para protegerte del fracaso, que perciben como algo que te haría daño. Su escepticismo puede ser genuinamente una expresión de cuidado, no de falta de visión. El problema es que esa protección, aunque bien intencionada, puede producir exactamente el freno que menos necesitas en el momento en que más necesitas el impulso para seguir.

La cuarta razón, la más difícil de nombrar porque requiere cierta humildad por parte del emprendedor, es que a veces tienen razón. Las personas que te conocen de maneras que los inversores no te conocen pueden ver limitaciones en tus capacidades o en el modelo que tú estás evitando ver. Eso no significa que siempre tengan razón. Significa que su perspectiva merece ser examinada con honestidad, no para darles el poder de determinar si sigues o no, sino para extraer la información útil que puede haber en su escepticismo.

«El escepticismo de tu red no es el veredicto sobre tu negocio. Es el punto de partida de una conversación sobre qué preguntas no has respondido todavía. Esas preguntas pueden ayudarte o pueden ser ruido. La diferencia está en si tienen información específica sobre el problema o si simplemente tienen miedo al riesgo.»
Capítulo 3 de 4

Cómo mantener la convicción sin aislar el juicio

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El riesgo de manejar mal el escepticismo de la red es doble. El primero es el obvio: dejar que ese escepticismo destruya la convicción necesaria para seguir. El segundo es menos obvio pero igualmente real: desarrollar la impermeabilidad al feedback negativo que hace imposible distinguir entre la señal útil y el ruido, y que puede llevar a seguir en una dirección que no funciona mucho más tiempo del necesario.

El equilibrio que se necesita no es entre creer y no creer en el proyecto. Es entre mantener la convicción que permite seguir actuando bajo incertidumbre y mantener la apertura al feedback que permite aprender y ajustar. Esas dos cosas parecen contradictorias pero no lo son: la convicción que vale la pena mantener no es la convicción de que el negocio va a funcionar exactamente como está ahora sino la convicción de que el problema que se está resolviendo merece resolverse y de que hay una manera de resolverlo que funciona.

La práctica más útil para mantener ese equilibrio es separar el feedback sobre el modelo del feedback sobre la persona. «Tu modelo de negocio no está claro» es feedback sobre el modelo, que puede ser útil y que merece examinarse. «No creo que puedas hacer esto» es feedback sobre la persona, que merece mucho menos peso porque las personas rara vez tienen información suficiente para evaluar las capacidades de otra en un contexto que todavía no se probó.

💡 La mayoría del escepticismo de la red cercana está dirigido a la persona del fundador, no al modelo específico del negocio. Y el escepticismo sobre la persona frecuentemente dice más sobre los sesgos de quien lo expresa que sobre las capacidades del fundador. El feedback más útil es el que se dirige a aspectos específicos del modelo que pueden examinarse y mejorarse. Ese es el que merece más atención.

La segunda práctica es buscar activamente el feedback de personas que tienen información relevante sobre el mercado específico que se está apuntando, en lugar de depender del feedback de la red general. El colega que trabajó durante diez años en la industria donde se está emprendiendo tiene feedback relevante sobre las dinámicas de esa industria. El amigo que trabaja en finanzas puede no tener la misma información sobre por qué el problema que se está resolviendo es real para el segmento al que se apunta.

La tercera práctica es registrar los resultados del mercado con más peso que las opiniones de la red. Si el mercado está respondiendo, si hay clientes que pagan, si hay retención real, esa información es considerablemente más relevante que el escepticismo de la red sobre si el negocio puede funcionar. Y si el mercado no está respondiendo, eso también es información más relevante que el escepticismo de la red, aunque por razones diferentes.

«La convicción que necesitas para emprender no es la certeza de que va a funcionar. Es la convicción de que el problema merece resolverse y de que tienes suficiente capacidad para seguir aprendiendo lo que necesitas aprender para encontrar cómo resolverlo. Esa convicción puede coexistir con la incertidumbre y con el escepticismo ajeno sin que ninguno de los dos la destruya.»
Capítulo 4 de 4

Cuándo el no de tu red tiene razón

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La honestidad sobre este tema requiere reconocer lo que se omite frecuentemente en las narrativas de emprendedores exitosos que ignoraron el escepticismo de su red: a veces la red tiene razón. Y distinguir esas veces de las que no la tiene requiere un proceso de evaluación que no está gobernado por el ego ni por el miedo.

Las señales de que el escepticismo de la red puede tener información válida son relativamente claras cuando se buscan honestamente. La primera es la especificidad: el escepticismo que señala problemas específicos del modelo, del mercado o de las capacidades del equipo que pueden verificarse con evidencia es más informativo que el escepticismo general sobre si el emprendimiento es una buena idea.

La segunda señal es la consistencia: si múltiples personas de tu red, con perspectivas diferentes y con acceso diferente a información, señalan el mismo problema, esa convergencia merece atención seria. La probabilidad de que todas esas personas estén equivocadas sobre el mismo punto específico es menor que la probabilidad de que estén detectando algo real.

💡 La pregunta que separa el escepticismo que tiene información del que no la tiene es: ¿puede articular específicamente qué tendría que ser verdad para que el negocio no funcione? La persona que puede articularlo con especificidad tiene algo que examinar. La que no puede articularlo más allá de «me parece arriesgado» o «creo que es muy difícil» está expresando una actitud hacia el riesgo, no información sobre el modelo.

La tercera señal es la correlación con los datos del mercado. Si el escepticismo de la red señala un problema específico y los datos del mercado empiezan a mostrar evidencia de ese mismo problema, la combinación de los dos merece mucha atención. La red puede ver el problema antes de que los datos lo muestren claramente. Los datos pueden confirmar lo que la red veía. La combinación de ambas fuentes es más confiable que cualquiera de las dos por separado.

Mantener la convicción cuando la red dice que no y examinar honestamente si el no de la red tiene información no son cosas contradictorias. Son las dos capacidades que juntas producen el tipo de fundador que puede seguir cuando vale la pena seguir y que puede ajustar cuando los datos dicen que hay que ajustar. Y esa combinación, más que cualquier característica específica del negocio, es lo que distingue a los fundadores que eventualmente encuentran lo que funciona de los que no lo encuentran.

«Cuando tu red dice que no, no les des el poder de decidir si sigues. Pero dales el respeto de examinar honestamente si lo que dicen señala algo que el mercado eventualmente va a confirmar. Esa distinción, entre darles el poder y darles el respeto, es la que permite usar su feedback sin quedar atrapado en él.»