Cuando el producto es demasiado bueno para el mercado — Lebo
Cuando el producto es demasiado bueno para el mercado
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Capítulo 1 de 4

El problema del mercado prematuro

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En el imaginario del emprendimiento, el fracaso de un negocio tiene causas relativamente claras: el producto no era suficientemente bueno, el equipo no tenía las capacidades necesarias, la empresa no consiguió el financiamiento suficiente, o la competencia fue más rápida y más hábil. Esas causas existen y producen fracasos reales. Pero hay una categoría de fracaso que no encaja en ninguna de esas narrativas y que por eso resulta especialmente difícil de procesar para los fundadores que la viven: el fracaso de un producto que era genuinamente bueno, en manos de un equipo genuinamente capaz, en un mercado que simplemente no estaba listo para adoptarlo.

El concepto de «mercado prematuro» no es nuevo. Geoffrey Moore lo desarrolló en *Cruzando el abismo*, su influyente análisis de la adopción de tecnología publicado en 1991, y documentó el patrón con el que las innovaciones tecnológicas con frecuencia atraen a adoptantes tempranos entusiastas pero fallan en hacer la transición hacia el mercado masivo. Pero el fenómeno va más allá de la tecnología y más allá del gap que Moore describió: hay productos que fracasan no porque no puedan cruzar el abismo entre adoptantes tempranos y mercado masivo, sino porque aparecen en un momento donde incluso los adoptantes tempranos no están listos, donde el contexto de uso todavía no existe, donde la infraestructura que el producto requiere para funcionar todavía no está disponible, o donde el problema que el producto resuelve todavía no es suficientemente urgente para la mayoría de las personas.

General Magic es quizás el ejemplo más documentado de este fenómeno. Fundada en 1990 por ex empleados de Apple, incluyendo personas que luego serían figuras centrales en el desarrollo de tecnología móvil y de internet, la empresa desarrolló dispositivos y software de comunicación personal con características que no serían comunes en el mercado hasta más de una década después. Tenían pantallas táctiles, agendas sincronizadas, mensajería, aplicaciones descargables. El producto era extraordinario para su tiempo. Fracasó completamente porque las redes de comunicación que necesitaba para funcionar no existían todavía, porque el comportamiento de uso que requería no estaba establecido en los consumidores, y porque el precio que tenía que cobrar para ser viable no era compatible con un mercado que no había desarrollado todavía el hábito de pagar por ese tipo de servicio.

💡 El fracaso de General Magic no fue un fracaso de visión ni de ejecución técnica. Fue un fracaso de timing: la empresa llegó diez años antes de que el mercado y la infraestructura estuvieran listos para lo que ofrecía. Muchos de sus ex empleados construyeron las empresas que eventualmente hicieron exactamente lo que General Magic intentó hacer, pero en el momento en que el contexto lo permitía.

Lo que hace que el problema del mercado prematuro sea tan difícil de anticipar y de gestionar es que, desde adentro, resulta prácticamente indistinguible de otros tipos de problemas. Cuando los clientes no adoptan el producto, la explicación más inmediata es que hay algo mal con el producto, con el precio, con la comunicación, con el canal de distribución o con la estrategia de ventas. Todas esas son hipótesis plausibles que se pueden testear y ajustar. La hipótesis de que el mercado simplemente no está listo es más difícil de testear y más difícil de aceptar, porque implica que ningún ajuste al producto o a la estrategia va a resolver el problema, y eso significa que la única solución real es esperar, lo cual no es compatible con las dinámicas de financiamiento y de expectativas de crecimiento de la mayoría de las startups.

También hay una dificultad de diagnóstico que viene del entusiasmo de los adoptantes tempranos. Los productos prematuros con frecuencia encuentran un grupo pequeño de personas que los aman: personas que tienen el problema con suficiente urgencia, que tienen la sofisticación técnica para trabajar alrededor de las fricciones del producto, y que están dispuestas a pagar el precio que el mercado masivo no está dispuesto a pagar. Esos adoptantes tempranos dan señales muy positivas que pueden interpretarse como evidencia de que el mercado existe y que solo hay que encontrar la manera de escalarlo. Pero la brecha entre los adoptantes tempranos y el mercado masivo puede ser insalvable dado el contexto actual, y las señales positivas de ese grupo pequeño no son evidencia suficiente de que el mercado masivo está cerca.

«Los adoptantes tempranos de un producto prematuro son simultáneamente la mejor evidencia de que el producto tiene valor real y la peor evidencia de que el mercado masivo está próximo. Porque lo que los hace adoptantes tempranos, su tolerancia a la fricción, su urgencia del problema, su disposición a pagar, son exactamente las características que el mercado masivo no tiene.»
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Por qué el timing importa más que la idea

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Bill Gross, fundador de Idealab y uno de los emprendedores seriales más prolíficos de la historia reciente de Silicon Valley, analizó los factores que determinaron el éxito o el fracaso de más de doscientas empresas en su portafolio y llegó a una conclusión que sorprendió incluso a personas dentro del ecosistema emprendedor: el factor más predictivo del éxito no era la idea, ni el equipo, ni el modelo de negocio, ni el financiamiento. Era el timing, el momento en que la empresa llegó al mercado en relación con el momento en que el mercado estaba listo.

Ese hallazgo tiene implicaciones importantes para cómo se piensa sobre la evaluación de oportunidades. La mayoría de los marcos de evaluación de negocios se centran en la calidad del producto, la experiencia del equipo, el tamaño del mercado y la competencia. El timing rara vez aparece como variable independiente porque es difícil de evaluar de manera objetiva: no hay un indicador claro que diga «el mercado estará listo para esto en tres años.» Pero la dificultad de medirlo no lo hace menos importante. Lo hace más peligroso, porque las evaluaciones que no lo consideran explícitamente tienden a subestimarlo sistemáticamente.

💡 El mercado para un producto no es una cosa fija que existe o no existe. Es una condición que se desarrolla gradualmente a medida que cambia la infraestructura disponible, los comportamientos de los consumidores, la regulación, los precios de tecnologías relacionadas y la urgencia percibida del problema. Evaluar el timing de entrada significa evaluar en qué punto de ese desarrollo está el mercado hoy y qué velocidad lleva ese desarrollo.

Uber llegó al mercado en 2009, exactamente cuando la combinación de smartphones con GPS incorporado, conectividad de datos suficientemente extendida y hábito de uso de aplicaciones móviles había alcanzado el nivel necesario para que el modelo funcionara. Cinco años antes, esos elementos no estaban en su lugar. Cinco años después, el mercado habría estado mucho más congestionado con competidores. El timing de Uber no fue accidental, al menos en el sentido de que los fundadores eligieron lanzar cuando la tecnología necesaria estaba disponible, pero tampoco fue el resultado de un análisis sofisticado del mercado: fue en parte intuición sobre cuándo las condiciones eran suficientemente correctas.

Airbnb es un caso similar. La idea de alquilar el propio departamento a extraños no era nueva en 2008. Lo que sí era nuevo en 2008 era la combinación de sistemas de pago en línea confiables y convenientes, perfiles públicos verificables que reducían la incertidumbre sobre quién era el huésped, y un contexto económico post-crisis donde tanto los anfitriones como los huéspedes tenían motivaciones financieras más fuertes que en años anteriores para encontrar alternativas al hotel tradicional. Ninguno de esos factores fue creado por Airbnb. Pero el momento en que todos convergieron fue el momento en que el modelo se volvió viable para el mercado masivo.

«Las mejores ideas llegan al mercado en el momento correcto por una combinación de visión y suerte que resulta difícil de distinguir en retrospectiva. Lo que sí es distinguible es el análisis de por qué ese momento fue el correcto: qué condiciones existían entonces que no existían antes, y qué habría pasado si la empresa hubiera llegado dos años antes o dos años después.»
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Cómo sobrevivir si llegaste antes de tiempo

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Si el mercado prematuro es un problema real y difícil de anticipar, la pregunta práctica es qué pueden hacer las empresas que se encuentran en esa situación: que tienen un producto que funciona, que tienen clientes que lo valoran, pero que el mercado masivo todavía no está listo para adoptar de la manera que haría viable el negocio a la escala que los fundadores y los inversores esperan.

La primera opción, que es la que más frecuentemente se intenta y la que menos frecuentemente funciona, es tratar de acelerar la adopción del mercado mediante educación, reducción de precios o simplificación del producto. La lógica es que si el problema es que el mercado no está listo, se puede hacer algo para prepararlo. En algunos casos eso funciona: la empresa que popularizó el uso del cajero automático tuvo que invertir en cambiar el comportamiento de los consumidores antes de que la adopción masiva fuera posible. Pero en la mayoría de los casos, especialmente cuando la barrera no es de comprensión sino de infraestructura o de comportamiento arraigado, ningún esfuerzo de educación o de reducción de fricción puede acelerar el mercado lo suficiente para que la empresa sobreviva con sus recursos actuales.

💡 Intentar educar al mercado para que adopte antes de que esté listo es uno de los usos de capital más ineficientes que una empresa puede hacer. No porque la educación sea inútil, sino porque el costo de cambiar comportamientos masivos es enorme y el resultado beneficia tanto a la empresa que invierte en ese cambio como a todos los competidores que llegarán cuando el mercado finalmente esté listo.

La segunda opción es encontrar el segmento del mercado que sí está listo ahora, aunque sea más pequeño de lo que se tenía en mente originalmente, y construir un negocio rentable y sostenible dentro de ese segmento mientras se espera que el mercado más amplio se desarrolle. Esa estrategia requiere reducir las expectativas de crecimiento, lo que generalmente significa reducir el financiamiento que se puede obtener y las expectativas de los inversores existentes. Pero produce una empresa que sobrevive y que está bien posicionada cuando el mercado más amplio finalmente llega, en lugar de una empresa que quema su capital tratando de forzar una adopción masiva que todavía no es posible.

Salesforce es un ejemplo de empresa que encontró el segmento correcto en un momento en que el mercado masivo no estaba listo. Cuando lanzó en 1999, el software empresarial entregado como servicio en la nube era una idea que la mayoría de las empresas grandes no estaba dispuesta a adoptar por razones de seguridad, de control de datos y de inercia institucional. Salesforce no esperó a que ese mercado cambiara de opinión. Encontró el segmento de empresas medianas y startups que sí estaban dispuestas a adoptar el modelo, construyó un negocio rentable con ellas, y cuando el mercado de empresas grandes eventualmente se abrió, Salesforce ya tenía la reputación, la base de clientes y la infraestructura para servir ese mercado más amplio.

La tercera opción, que es la más difícil de aceptar, es reconocer que el momento no es el correcto y parar, preservar el capital y el aprendizaje, y esperar o buscar condiciones diferentes. Esa opción choca frontalmente con la cultura del emprendimiento que glorifica la perseverancia y que trata el cierre de una empresa como fracaso personal. Pero hay casos donde es la decisión más inteligente disponible, especialmente cuando el gap entre las condiciones actuales y las condiciones necesarias para la viabilidad es grande y su cierre es lento.

«La empresa que para cuando el mercado no está listo y preserva su capital y su aprendizaje tiene más probabilidades de hacer algo valioso con ese capital y ese aprendizaje que la empresa que lo quema tratando de forzar una adopción que el mercado no está preparado para dar. Parar no es lo mismo que fallar. A veces es la decisión más estratégica disponible.»
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Cómo evaluar el timing antes de comprometer recursos

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Si el timing es tan determinante del éxito como sugiere la evidencia, la habilidad más valiosa que un emprendedor o un inversionista puede desarrollar no es evaluar la calidad del producto o del equipo, sino evaluar si el momento es el correcto para ese producto en ese mercado. Esa evaluación es más difícil que las otras porque no tiene indicadores tan claros, pero hay preguntas que la hacen más sistemática.

La primera pregunta es: ¿qué condiciones tienen que existir para que el mercado masivo adopte este producto, y cuál de esas condiciones todavía no existe? Esa pregunta obliga a hacer explícitas las suposiciones sobre lo que el mercado requiere, que con frecuencia permanecen implícitas. Un producto de salud digital, por ejemplo, puede requerir la combinación de regulación que permita ciertos usos de datos de salud, infraestructura de conectividad en los lugares donde están los usuarios, y un nivel de familiaridad con la tecnología de parte de los proveedores de salud que todavía no se ha desarrollado. Identificar cuál de esas condiciones es la más lenta en desarrollarse da una idea del horizonte de tiempo real.

💡 La condición más lenta en desarrollarse de todas las que se requieren para que el mercado esté listo es la que determina el timing. No importa cuán rápido se desarrollen las otras condiciones si la más lenta tarda diez años. Identificar cuál es esa condición y cuánto tardaría en cambiar es el análisis de timing más útil que se puede hacer.

La segunda pregunta es: ¿hay adoptantes tempranos que ya usan algo parecido a este producto, pagando por ello y encontrándolo valioso, y qué los diferencia del mercado masivo? Si no hay adoptantes tempranos en absoluto, el mercado puede estar muy prematuro o el problema puede no ser suficientemente real. Si hay adoptantes tempranos pero son muy diferentes del mercado masivo en recursos, sofisticación o urgencia del problema, la brecha puede ser grande y difícil de cerrar.

La tercera pregunta es: ¿qué tendría que cambiar en el entorno externo, tecnología, regulación, comportamiento del consumidor, infraestructura, para que el mercado masivo esté listo, y qué velocidad llevan esos cambios? Esa pregunta produce una estimación del horizonte de tiempo que, aunque imprecisa, es más útil que no tenerla. Un cambio regulatorio que está en proceso puede tardar dos años. Un cambio de comportamiento del consumidor que requiere que una generación entera adopte un nuevo hábito puede tardar una década.

La evaluación de timing no elimina la incertidumbre inherente de cualquier decisión de emprendimiento. Pero reduce la probabilidad de comprometer recursos significativos en un momento donde el mercado no está listo, y eso tiene valor real. Las empresas que llegan al mercado en el momento correcto no siempre ganan, pero tienen una ventaja que ninguna cantidad de ejecución excelente puede compensar si el mercado no está listo para lo que ofrecen.

«El mejor producto en el mundo no puede crear un mercado que no está listo para existir. Puede anticiparlo, puede prepararlo, puede posicionarse para capturarlo cuando llegue. Pero no puede forzarlo. Y entender esa limitación es el comienzo de una evaluación honesta del momento en que se está entrando.»