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Resumen
Hay una versión de ti que existió hace cinco años. Tenía tus mismos rasgos físicos, vivía en tu mismo cuerpo, se llamaba igual. Pero sus prioridades eran otras. Sus miedos eran otros. Las cosas que le importaban, la manera en que entendía el mundo, el tipo de conversaciones que necesitaba — todo era, en distintos grados, diferente de lo que eres ahora. El cambio personal es inevitable. El problema — uno de los más complejos de las relaciones largas — es que dos personas no siempre crecen en la misma dirección ni al mismo ritmo.
Una relación construida por dos personas en un momento determinado puede volverse demasiado pequeña cuando una de ellas — o ambas, en direcciones distintas — se convierte en alguien diferente. Este proceso no tiene villanos. Esa es su principal dificultad: cuando termina por desfase en el crecimiento, no hay nadie a quien culpar. Hay dos personas que fueron compatibles y dejaron de serlo, y esa incompatibilidad no es culpa de ninguna de las dos aunque las lastime a ambas. Desde quien creció, el desfase se siente como soledad dentro de la relación; desde quien siente que el otro cambió, puede sentirse como rechazo o amenaza.
Este mini-libro examina cómo se ve el desfase desde cada lado, qué se puede pedir y qué no (pedirle al otro que no crezca o dejar de crecer uno mismo son soluciones que generan resentimiento), y cómo reconocer el fin de algunas relaciones sin culpa — porque algunas terminan no porque fallaron, sino porque cumplieron.