
Mis padres se separaron y yo quedé en el medio
Lo que el divorcio produce en los hijos y cómo manejar lo que nadie te pidió que manejaras
Índice de capítulos
Resumen
Hay pocas cosas que reorganicen la vida de un niño o de un adolescente de manera tan completa como la separación de sus padres. No porque el divorcio sea necesariamente lo peor que puede pasarle a una familia, sino porque cambia de manera fundamental las coordenadas sobre las que se organizaba la vida: el hogar que era uno se convierte en dos, los padres que eran una unidad se convierten en personas separadas, y el niño que estaba en el centro de algo sólido de repente está en el centro de algo que se está reorganizando. Y lo que es casi universal: la sensación de estar en el medio. De que cada padre existe en un mundo que no incluye al otro, y que hay que existir en los dos mundos simultáneamente, gestionando lealtades que nadie debería pedir que se gestionen.
Los hijos del divorcio frecuentemente se encuentran en posiciones que no eligieron y para las que no tienen las herramientas necesarias: el mensajero entre dos adultos que no se comunican directamente, el confidente del padre que busca apoyo en quien tiene más cerca, el árbitro o el espía, y el aliado que toma partido para resolver la lealtad dividida. Ninguna de esas posiciones era suya para cargar. Y sin embargo, el trabajo emocional que requieren recae en ellos de todas formas.
Este mini-libro examina la lealtad dividida que el conflicto entre padres produce en los hijos, lo que puedes hacer con las posiciones en que te pusieron, y cómo cuidarte en medio de lo que no elegiste.